Avanza el juicio contra Juan Sebastián Muro por el crimen de Ezequiel Vázquez, ocurrido en 2024 en el barrio San Jorge. Pero detrás del homicidio aparece una historia mucho más amplia: amenazas narco, puntos de venta de droga, asesinatos y otras investigaciones que desde hace años conectan los escenarios más violentos de la periferia.
El juicio oral contra el expolicía Juan Sebastián Muro por el crimen de Ezequiel Vázquez (34) volvió a poner bajo la luz judicial no sólo ese asesinato ocurrido en una plaza del barrio San Jorge, sino también una trama mucho más compleja y oscura que desde hace años atraviesa distintos expedientes criminales en la periferia marplatense.
Muro comenzó es juzgado esta semana en el Tribunal Oral N° 4 acusado de haber asesinado a tiros a Vázquez, durante una discusión ocurrida la madrugada del 25 de julio de 2024 en las inmediaciones de la Plaza Namuncurá, en la esquina de Belgrano y Englender.
Según la acusación sostenida por el fiscal Leandro Arévalo, todo ocurrió cerca de la 1.30, cuando dos grupos comenzaron una confrontación verbal que rápidamente escaló hasta convertirse en violencia armada. En ese contexto, Vázquez recibió al menos tres disparos: dos en las piernas y uno en la espalda. Murió poco después.
La investigación avanzó con rapidez. Los primeros testimonios, sumados al análisis de cámaras y distintas tareas de campo, condujeron a una vivienda ubicada a escasos metros de la plaza. Allí fue encontrado Muro, escondido en una casa de Sandino al 1800. En el lugar también secuestraron la motocicleta que habría utilizado durante el ataque.
Pero alrededor de Muro existe una historia previa que excede ampliamente este expediente.
Porque antes de sentarse en el banquillo acusado de homicidio, el ex policía ya aparecía mencionado en investigaciones vinculadas al narcomenudeo, amenazas armadas y disputas territoriales en barrios como San Jorge y La Herradura.
Un nombre repetido
En los pasillos judiciales y policiales de Mar del Plata, el apellido Muro no era desconocido. Mucho antes del crimen de Vázquez, el exintegrante de la fuerza había quedado ligado a una de las investigaciones más sensibles sobre narcotráfico barrial en la ciudad: la causa contra la banda liderada por Elio Cajal.
Cajal fue condenado en diciembre de 2024 por el Tribunal Oral Federal a 8 años de prisión por comercialización de estupefacientes. Junto a él también recibieron penas Carlos Ambrosio y Carlos Camarzana. Durante aquel juicio, los magistrados describieron una estructura criminal asentada en la periferia oeste, sostenida a fuerza de intimidaciones, violencia y control territorial.
El fiscal federal Juan Manuel Pettigiani llegó incluso a bautizar aquel funcionamiento como el “Método Cajal de Narcotráfico”: un sistema basado en sembrar miedo entre vecinos y potenciales denunciantes.
Y fue precisamente en el origen de esa causa donde apareció el nombre de Juan Sebastián Muro. En febrero de 2021, el entonces expolicía denunció haber sido interceptado en el camino San Francisco de Batán por varios hombres vinculados al grupo criminal. Según declaró, lo obligaron a arrodillarse, le apoyaron un arma en la cabeza y efectuaron disparos intimidatorios contra el suelo mientras lo amenazaban de muerte.
Aquella denuncia derivó en allanamientos que terminaron revelando algo mucho más grande: más de 600 gramos de cocaína, marihuana fraccionada para la venta y distintos elementos asociados al narcomenudeo. Lo que comenzó como una investigación por amenazas terminó transformándose en una causa federal por tráfico de drogas.
Sin embargo, el expediente tomó años más tarde un giro inesperado y hasta incómodo para parte del Poder Judicial marplatense.
Uno de los jueces que había condenado a Cajal, Martín Poderti, terminó siendo destituido en noviembre de 2025 luego de quedar envuelto en una investigación por el robo de monedas de oro secuestradas en una vieja causa de narcotráfico cuando aún se desempeñaba en San Isidro. En medio del jury, Poderti intentó defenderse asegurando que existía una operación en su contra vinculada al narcotráfico y pidió que declarara el propio Elio Cajal.
Según trascendió en aquel proceso, el condenado le había enviado meses antes una nota manuscrita en la que le advertía que la causa había sido “armada por el narcotráfico”.
La escena resultó tan extraña como reveladora: un juez federal apartado de su cargo recurriendo al testimonio de uno de los delincuentes que él mismo había condenado para intentar sostener su defensa.
Todo ese episodio volvió a exponer la densidad y las ramificaciones que habían adquirido las estructuras criminales nacidas alrededor de barrios como San Jorge y La Herradura.
“La Leñera”
Los mismos territorios donde operaban puntos de venta de droga conocidos como “El Quincho” y “La Leñera” también fueron escenario de otros crímenes resonantes.
Uno de ellos fue el asesinato de Nicolás Vieytes, el empleado municipal baleado en octubre de 2020 en Francisco Sartore al 1800. La investigación, encabezada también por el fiscal Arévalo, reveló una trama de consumo de drogas, prostitución y robos organizados para sostener economías marginales.
Por ese homicidio fueron condenados Hernán Cajal -familiar de Elio Cajal- y Sergio Contreras. En el expediente quedó expuesto cómo distintos jóvenes del barrio eran utilizados para atraer víctimas mediante engaños, en medio de un entramado donde la droga aparecía siempre como telón de fondo.
Con el tiempo, todas esas investigaciones comenzaron a construir una especie de cartografía criminal de la periferia oeste marplatense: nombres repetidos, puntos de venta reincidentes, ajustes violentos y vínculos cada vez más opacos entre distintos actores del barrio.
Ahora, Juan Sebastián Muro aparece definitivamente inmerso en ese escenario. Ya no como testigo ocasional. Tampoco como denunciante atemorizado. Sino acusado de homicidio.
La imagen resulta inevitablemente simbólica para muchos investigadores judiciales: un ex policía que terminó sentado en el banquillo dentro del mismo universo criminal que durante años orbitó alrededor suyo.
El debate continuará hasta este jueves y luego el Tribunal Oral N° 4 dará a conocer la fecha del veredicto. Mientras tanto, el juicio parece exponer algo más profundo que un crimen puntual: la degradación silenciosa de ciertos territorios donde las fronteras entre delito, violencia y poder terminan desdibujándose hasta volverse irreconocibles.